De nuevo Heróes del Silencio...de nuevo la hoja en blanco de un blog pérdido en el oceano de la red de redes y yo...otra vez la sensación de que debo volver a empezar a olvidar, de cerrar una nueva página que imaginé escribir y que jamás llegué a posar la pluma sobre ella.
Ella...siempre ella. Ella, la otra, la de esta vez, la pasada, la futura. Ella ha tenido muchos nombres y rostros a lo largo de mis 32 otoños ya cumplidos. Todos aquellos que yo he permitido y que pocas se han ganado de verdad.
Ganar, ganarse, ganarme. ¿Cual es el premio?¿yo?...¿si alguien gana?¿quién pierde?...jamás he formulado esta pregunta al reflejo opuesto que habita dentro del marco. No hay ganadores ni vencidos, sólo hay alegría o tristeza, ilusión o rabia, pero nunca victoria o derrota.
Sigo buscando y ya van para 3 años, aunque realmente son más. Son tantos como perdí recordándola. Ya no me afecta su recuerdo, pero sigue estando ahí los restos de lo que mi cuerpo y mi mente experimentaron hace ya mil lunas.
Como el experimento de Paulov, el tintineo de la campanilla me recuerda la comida con la que alimenté mi corazón y es difícil desasociar tal hábito...sobretodo cuando nunca después has vuelto a probar aquel suculento manjar. Tan sólo sucedaneos.
Pero el problema muchas veces no es de lo que se come, sino de quién lo come. De no saber saborear con paladar objetivo los sutiles matizes de cada particular bocado, culpa de unas papilas gustativas con memoria excesiva. La misma que el dueño del cuerpo al que pertenecen y que precisamente por tener tantas ansias de darles a probar lo que están deseando inasequibles al desaliento, se equivoca y trata de otorgar categoría de cinco estrellas un plato que es mero espejismo de la realidad que oculta.
Estoy convencido que seré feliz, más que nada porque quizás lo sea ahora sin saberlo. Y si es así, qué lástima estar desperdiciándolo...¿cómo saber que eres feliz?¿que es la felicidad?...¿conseguir aquello que no se tiene?...y, si finalmente se logra...¿entonces?. La felicidad debería ser saber disfrutar de lo que uno tiene y por lo que uno se rodea.
Lo que venga, por muchos esfuerzos que hagamos por intentar averiguarlo, será sorpresa. Lo que conocemos es lo actual y mañana es ya tarde. Qué ironía....mañana es tarde...habrá pues que dejar lo que sea que estemos haciendo ahora y simplemente respiremos, porque ese instante será el ahora y nuestra bocanada, el mayor de los manjares.
Un beso enano. Un beso Tato.