lunes, 21 de mayo de 2012

Nocturnidad

De nuevo el aire frío de aquel otoño que amenazaba con quedarse eternamente se colaba por la ventana entreabierta golpeando las cortinas con fuerza. Mientras tanto, la madera del suelo crujía haciendo imposible el sigilo de aquella sombra que, nerviosa, intentaba desesperadamente pasar desapercibida dentro de la casa.

Los faros de un coche al pasar la iluminaron por un instante dibujando un contorno de algo o alguien con un objeto en la mano de un brazo alargado en posición de guardia. Su intención era desconocida para los que allí dormitaban de forma audible.

Aún con el ensordecedor caer de la lluvia, aquella silueta se movía dejando tras de sí un sin fin de ruidos semejantes al lamento de un bebé. No había forma, era cuestión de tiempo que los guardianes dirigiesen sus miradas hacia dónde se encontraba y lo sabía.

En un último arrebato y haciendo acopio de la agilidad propia de una persona curtida con los años en esas lides, pego dos grandes zancadas hechas sin la menor de las cautelas estampando al finalizar la segunda de ellas, su pie contra el quicio de la puerta que daba acceso a la habitación contigua. El quejido sonó a lobo herido.

De repente, a un golpe seco en el otro extremo de la casa le siguieron unos susurros, luego unos pasos apresurados y después una voz que se alzó potente a la par que se encendía la intensa luz del pasillo;

- Pero, ¿se puede saber qué coño haces con las zapatillas en la mano y con cara de estreñido? Subnormal, más que subnormal. Anda, vete a la cama que mañana hablamos. Habrase visto...

- VVale pappá...

Esa no fue el fin de fiesta que Pedro Sanchez alias el Peonzas, mote puesto por sus amigos por su gran afición a beber y comenzar a girar hasta el desmayo, esperaba tener...pero no sería la última vez que volviese a jugar a los ninjas borrachos con zapatillas en mano.

Al fin y al cabo, ¡el próximo fin de semana no estaba tan lejos!